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Renacuajos infantil

El lado oculto de la acción de "dar"

Situación 1. 

En el patio de la escuela juega un grupo mixto de 15 niños de entre 1 y 3 años. Mario es un niño de unos 18 meses que viene corriendo junto mía y me da una flor. Le pregunto si es para mí. El asiente pero acto seguido me la quita y se lanza a jugar en el arenero. Mi actitud es quedarme callada y seguir a lo mío. 

Situación 2. 

En un grupo mixto de 6 niños de entre 1 y 3 años que juegan libremente en el aula. Suena el timbre, salgo del aula, regreso con un bebé que llevo para el rincón blando y María, niña de 26 meses, le acerca un sonajero para que juegue. Agradezco a la niña que haya tenido ese detalle.

Situación 3.

Después de unos días sin ver a una educadora que se ha ausentado, varios niños -por propia iniciativa- se lanzan muy efusivos a darle besos y abrazos.
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Pueden parecer tres situaciones muy diferentes pero en ellas hay algo común: La acción de "dar".

Explicar todo lo que hay detrás de esta acción cotidiana es un poco difícil porque las palabras se quedan cortas para explicar toda la carga que hay detrás de esa acción.


Cuando alguien "da" algo a otra persona: en cierto modo el que "da" busca ser acogido por el otro o dicho de otra manera empleando el objeto se sitúa en el lugar del otro. 

En la Situación 1, anteriormente descrita, el niño vuelve a tomar su objeto, no es algo raro, ni hay maldad en ello. En cierto modo nos muestra su deseo de autonomía y separación. Estos momentos de acercarse-separarse están muy presentes en la escuela y deben ser respetados por parte de los educadores. 

Cuando veo a un educador que plantea la típica actividad de estimulación temprana en la que trabaja el "dar"... Me chirría. Supongamos que estamos en un aula de 0 a 1 año: un educador le da a un bebé de 7 meses un objeto y le invita verbalmente a que le devuelva el objeto, como no lo hace el educador agarra la mano del bebé, le coloca el objeto, se la cierra para que no se le caiga y luego se lo quita de las manos mientras dice "ahora me los has dado, muy bien Salomé". Seguimos repitiendo la dinámica hasta que el adulto le pone fin.

¿Por qué no comprendo este tipo de actividades?

Porque son oportunidades de aprendizaje forzadas por el adulto, por lo que no son significativas. Además hay un cierto cáliz de adoctrinamiento por parte de los adultos con su insistencia y manipulación de la mano del niño.

Siendo clara estaría dentro de esas actividades de estimulación que se emplean como relleno del tiempo que el niño pasa en la escuela.  

La situación en la que el adulto trabaja la acción de "dar" pone de manifiesto como el adulto quiere ser aceptado por el niño, pero en ningún caso debe imponer su criterio y coaccionar al niño a coger su objeto. El adulto debe aceptar y valorar que el niño rechace el objeto, la comunicación, el contacto, la relación,... El papel idóneo del maestro es estar disponible, escuchar y no imponerse.

Un aspecto del que nos olvidamos en el aula es que somos ejemplo. Los niños son esponjas de lo que hacemos, cómo lo hacemos, lo que decimos, cómo lo decimos,... Por eso es clave que los adultos de alrededor "den" de manera consciente y respetuosa objetos a otros adultos, niños,... Si "dar" consciente y respetuosamente está en su entorno, la acción un día brotará por propia voluntad y nosotros como adultos los acompañaremos en esa acción tan significativa y grata.

Es sorprendente pero pocos adultos saben "dar"... Hablo de "dar" de forma consciente y respetuosa. Para ello debemos de conectar con nuestro corazón para no ser toscos, tenemos que pensar y ser conscientes de nuestras manos, de cómo las movemos, de cómo las colocamos para dar y para recibir, ojo con las prisas, cuidar las miradas, mimar el tono de voz, ojo con lo que decimos y el cómo lo decimos, ojo con las distracciones como el teléfono o los gritos,... 

Hay acciones muy significativas en la escuela que están muy desaprovechadas y muy estandarizadas por los programas de estimulación temprana que en muchos casos son considerados como la panacea para un óptimo desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los más pequeños.

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